«¿Y si mi trabajo no es lo bastante bueno?». En las agencias, esa pregunta surge con mucha más frecuencia de lo que nadie admite, y la IA le ha dado nuevo combustible. Respuesta corta: el síndrome del impostor prospera allí donde el trabajo se juzga constantemente y rara vez se mide. Se desactiva respaldando tus ideas con evidencias verificables, normalizando las preguntas y, en el nivel directivo, rediseñando los puestos junior en lugar de recortarlos.
El contexto no ayuda. En un foro organizado por Digiday a finales de septiembre, el propietario de una agencia de performance de tamaño pequeño-mediano admitió: «Hace tiempo que no contratamos a graduados universitarios y no prevemos que lo hagamos». La IA se encarga ya de buena parte del trabajo que antes se encomendaba a los principiantes. Si empiezas tu carrera en ese clima, dudar de tu lugar resulta casi racional.
¿Por qué es tan frecuente el síndrome del impostor en las agencias?
Porque todo es juicio. Una recomendación hay que defenderla ante un cliente que puede descartarla en treinta segundos. Una campaña pasa por el director creativo, luego por el cliente y luego por el público. Los criterios de éxito cambian de un brief a otro, y la noche en vela antes de un pitch pasa por un rito de iniciación.
Los psicólogos hablan del fenómeno del impostor: la convicción de que no mereces tu puesto, de que triunfaste por suerte o por error, y el miedo constante a que te descubran. Tiende a afectar a personas capaces y exigentes, de ahí su estrecha relación con el perfeccionismo. Prospera cuando el valor de un trabajo es difuso, porque nada contradice a esa vocecita que susurra «has tenido suerte».
Y, sin embargo, funciona lo contrario. La autenticidad prospera donde la inseguridad remite: cuando ya no necesitas aparentar confianza, por fin te atreves a dar tu punto de vista real. Y ese punto de vista es lo que pagan los clientes.
¿Agrava la IA la duda?
Añade una capa. La duda clásica, «¿estoy a la altura?», viene ahora acompañada de una nueva: «si una máquina puede producir este brief en un minuto, ¿para qué sirvo yo?». Para un junior es todavía más dura, ya que las tareas con las que antes se aprendía el oficio (resúmenes, monitorización, primeros borradores) son justo las que absorbe la IA.
Digiday cita también una encuesta del Pew Research Center según la cual, en muchos países, los jóvenes de 18 a 34 años temen más que sus mayores perder su empleo a manos de la IA. En la misma sesión, un participante lo expresó así: no es la IA la que te quitará el trabajo, sino alguien que domina la IA y tiene tu experiencia.
No todo el mundo respalda la congelación de contrataciones, sin embargo. Otro participante citado por Digiday la considera miope: cuando se vayan los seniors, faltará experiencia. Para él, es un reto de formación, no tecnológico. La respuesta es rediseñar los puestos junior, no recortarlos.
Fanfarronería o evidencia: dos maneras de parecer seguro
Ante la duda, muchas agencias han recurrido durante mucho tiempo a la pose: hablar alto, no decir nunca «no lo sé». Eso aguanta hasta la primera pregunta trampa. La confianza construida sobre evidencias es menos espectacular, pero mucho más sólida.
| Situación | El reflejo del impostor | Confianza por fanfarronería | Confianza por evidencia |
|---|---|---|---|
| Presentar una recomendación | Sobrecargar la presentación para no dejarse nada | Afirmar sin fuentes | Tres ejemplos reales que respaldan el insight |
| Una pregunta trampa del cliente | Bloquearse, pedir disculpas | Improvisar una cifra | «Lo compruebo y te respondo esta noche», y luego hacerlo |
| Revisar lo que produce la IA | Reescribirlo todo por miedo a que te juzguen | Aprobarlo todo sin leerlo | Comprobar las fuentes y conservar el criterio |
| No entender un dato | Callarse en la reunión | Fingir | Interrogar los datos antes de la reunión |
| Pedir ayuda | Esperar hasta el último minuto | No pedirla nunca | Pedirla pronto y con contexto |
¿Cómo se reconstruye la confianza en la práctica?
- Define qué es «suficientemente bueno» antes de empezar. Acuerda con tu responsable qué se espera del entregable. El perfeccionismo se alimenta de expectativas vagas.
- Cita la fuente de cada afirmación. Una idea basada en el comportamiento observado se puede defender sin temblar. Es el mejor antídoto contra el «¿y si me equivoco?».
- Usa la IA como sparring. Pídele las objeciones que podría plantear un cliente y prepara después tus respuestas. Ella prepara; tú decides.
- Lleva un registro de evidencias. Cada semana, anota qué funcionó y por qué. La memoria del impostor borra los éxitos; el papel, no.
- Pide feedback concreto. «¿Estaba bien?» no te enseña nada. «¿Qué haría más convincente esta recomendación?» lo cambia todo.
- Busca ayuda si la duda te desgasta. Cuando la ansiedad se desborda hacia tu sueño o tu salud, habla con un profesional. No es una confesión de debilidad.
Lo que deben cambiar los responsables de agencia
El síndrome del impostor no es solo una cuestión individual. La cultura de una agencia lo alimenta o lo desactiva. Las ideas planteadas en la sesión que recogió Digiday son sencillas: emparejar a seniors con juniors para que aprendan unos de otros, acercarse a cada persona donde está, inspirar con victorias rápidas, ser claros sobre el ritmo del cambio y, después, formar.
Añade una regla propia: normaliza las preguntas. En una agencia donde preguntar se ve como una debilidad, todo el mundo va de farol. En una agencia donde la gente comprueba las cosas en común, todo el mundo mejora.
Hacer preguntas sin miedo a quedar en ridículo
Las herramientas también cuentan. Con Defy MCP, un equipo consulta los datos de sus clientes y categorías directamente en Claude, como si le preguntara a un compañero, sin ningún panel que aprender. Un junior puede preguntar «¿qué le reprocha la audiencia al principal competidor?» sin temer parecer novato y rastrear después la respuesta hasta las publicaciones reales que la respaldan.
El matiz importa: la plataforma de Defy no cura la duda. Sustituye parte de la fanfarronería por verificación. Y un equipo que comprueba antes de afirmar ya no necesita fingir seguridad en las reuniones con clientes.



